jueves, 13 de enero de 2011

¡México necesita una sacudida!

Por: Salvador Flores Llamas    
Miércoles, 12 de enero de 2011 
Ante la ineficacia del Congreso, cuyos integrantes cobran muy bien, pero se dedican a bagatelas, autopromociones y demagogia, no a discutir y aprobar las leyes que el país reclama con urgencia, necesitamos no una limpia de brujo, sino una fuerte sacudida.

Los legisladores dejaron en la congeladora, sin ningún rubor, las reformas política y laboral y las leyes de seguridad nacional y federal de competencia, y no nombraron a los tres consejeros que le faltan al IFE.
Sin vergüenza, los políticos  atienden sólo sus intereses y les importa un bledo México; pero creen que con desplantes y declaraciones populistas y con recetas de lo que se debe hacer -sin que ellos lo hagan- engañan a los mexicanos. Po eso urge algo que nos saque de la modorra.
Como Peña Nieto que no se mordió la lengua al exigir, ante el presidente Calderón (en una indirecta a él) que se deje a los partidos la competencia electoral y los gobiernos se pongan a trabajar; pero él ha dedicado toda su gestión a afianzar su candidatura presidencial y a apoyar las campañas de los candidatos priístas a gobernador.
Nos estrujan las decenas diarias de muertos, ante la ineficacia de las autoridades de todos los niveles (no sólo federales, porque los secuestros y asesinatos son de jurisdicción estatal), sin que veamos que los crímenes  se aclaran, se castiga a los culpables y cesa el derramamiento de sangre.
Las procuradurías estatales exigen a la PGR que atraiga los delitos que les competen, y ésta jamás informa que haya aclarado los casos. Con decir que hasta dejó ir al narcodiputado Godoy Toscano, tras haber pedido a la Cámara que lo desaforara.
Entre tanto, nos invade el pesimismo, influidos por medios informativos que destacan lo negativo, porque vende más y nos hacen creer que aquí no pasa nada positivo, y lo poco que admiten lo demeritan con críticas o encabezados gruesos, como si estuviéramos condenados a que nos llevara la trampa.
Hay medios que se escudan en la libertad de expresión y en no perder información, pero dejan inéditas muchas noticias alentadores, que los lectores merecen conocer, porque también les asiste su derecho a ser informados.
Eso sí, hay un abierto desprecio a la ley, no sólo  de los delincuentes normales, sino de funcionarios y políticos que la pisotean.
Por eso vemos ya a varios en plena campaña electoral. Aunque López Obrador diga cínicamente que él y Alejandro Encinas no andan ni en pre-campaña en el Estado de México, cuando recorren pueblos para ganar adeptos, antes de los tiempos oficiales.
 Y eso ante la pasividad del IFE, del Tribunal Electoral y de los órganos electorales de los estados, que nos salen demasiado caros y son auténticas carabinas de Ambrosio.
Cuando deberían tomar providencias para que no se llegue a conflictos postelectorales, como en 2006, pese a que hay indicios de que Andrés Manuel apostará a ellos desde en la elección del Estado de México, este año.
Los políticos están convencidos de que lo que vale no es el desempeño eficaz de los cargos públicos ni atender las demandas de la gente; sino publicitarse, ganar espacios en los medios, sobre todo en los electrónicos, que son los que cocinaron  la imagen arrolladora (?) de Peña Nieto, para no ir más lejos.
¿Apoco Ebrard ha realizado un gobierno ejemplar, que fundamente su ambición presidencial? Eso sí, pagó con nuestros impuestos para que lo declararan el mejor alcalde, aunque ni él mismo se la cree.
Y como a México le falta el piloto, el líder que lo impuse a salir de sus ingentes problemas, o al menos que proyecte una imagen en tal sentido; sólo nos queda esperar una sacudida fuerte, una noticia impactante (no devastadora), o que surja un candidato que arrolle con planteamientos claros, constructivos y contundentes (no promesas ni dicharachos) y con la atinada promoción mediática.
Aceptemos que la idiosincrasia del mexicano es tener gobernantes fuertes, enérgicos, que no vacilen en aplicar la ley ni se escuden en la democracia para no actuar como deben. Ejemplos sobran en nuestra historia.
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